AUTOSISTENCIA PSICOLOGICA
¿QUE ES?
BENEFICIOS
GRACIAS NORBERTO LEVY
Los
posibles contenidos del estado rechazado son múltiples: Puede ser un
aspecto infantil, celoso, resentido, dependiente, triste, etc.En suma,
cualquier parte de uno mismo que uno rechace. Lo mismo ocurre con los contenidos del estado deseado: Puede ser: seguro, decidido, claro, alegre, maduro, etc. Al
rechazador-deseador lo he denominado “cambiador” porque contiene ambas
funciones: rechazar algo y desear cambiarlo. A los efectos prácticos
los utilizaré indistintamente, como sinónimos. Esa es la actitud inadecuada que empeora al temeroso, que produce sufrimiento y que es necesario transformar. Sacudirlo
no es la única actitud inadecuada del cambiador. Existen algo más de
diez actitudes generalizadas erróneas en la manera de intentar producir
una transformación en lo rechazado, cada una con un sistema específico
de interacciones. Desde esta perspectiva la tarea consiste entonces
en transformar al cambiador que daña y no transforma en un cambiador
que transforma sin dañar. Aqui os dejo unos videos de un maestro Norberto Levy,
En
el plano físico la elección del mecanismo restaurador es automática. Es
algo que el organismo ya ha aprendido en el curso de su evolución.
En
el nivel psicológico también rechazamos los estados dolorosos o
disfuncionales que nos alejan del óptimo. La diferencia es que la
manera en la que los rechazamos frecuentemente no conduce a la
transformación deseada. Ese es el rechazo que daña y no transforma. En
este plano necesitamos hacer un aprendizaje para convertir el rechazo
que lesiona y no transforma en un rechazo que transforma sin dañar. Eso
es posible y cuando lo logramos, extendemos al ámbito psicológico lo
que el organismo ya aprendió en el nivel físico.A esta capacidad la he denominado capacidad autoasistencial.
Cada
vez que deseo algo está implícito que rechazo todo aquello que no sea
eso y cada vez que rechazo algo está implícito que deseo otra cosa.
De modo que deseo y rechazo son los nombres que destacan las dos facetas de la misma energía.
Si
la nombráramos completamente diríamos: deseo-rechazo, pero
habitualmente nombramos una sola faceta y la otra queda implícita.
Generalmente nombramos la faceta que más queremos destacar. Y así
hablamos en términos de “quiero tal cosa” o “rechazo tal cosa” pero es
bueno recordar que siempre que nombramos una, la otra está implícita.
El rechazo y la aceptación
Lo que
presentamos aquí es un camino diferente: Es establecer una distinción
dentro del rechazo mismo y observar que existe un rechazo destructivo y
un rechazo asistencial. A partir de esta distinción ya no es necesario
resolver los problemas que el rechazo produce dejando de rechazar si no
más bien aprendiendo a rechazar.
Cuando
he aprendido a rechazar de un modo asistencial, la aceptación viene
sola, sin necesidad de que la llamen, como un elemento más del proceso
de acompañamiento y transformación.
Para
mostrarlo utilizaremos un ejemplo: Paula me consultó porque se sentía
muy temerosa y quería sentirse más segura. Le pregunté:
si imaginaras
que esa Paula temerosa estuviera enfrente tuyo: ¿qué le dirías? y ella
respondió: ¡la sacudiría para que se despabile...! Luego la invité a
que tomara el lugar adonde ubicó a la parte temerosa y que viera cómo
se sentía al escuchar eso. Desde allí respondió: Ahora me siento más
insegura que antes, me dan ganas de hacerme un bollito y desaparecer.
Y así quedaron claramente identificados los tres protagonistas interiores del conflicto:
•El estado deseado, en este caso el seguro.
•El
rechazador del aspecto temeroso y deseador del estado de seguridad, que
actúa de cierta manera sobre el temeroso para transformarlo en seguro.
La incógnita fundamental es conocer qué hace el cambiador para transformar al aspecto rechazado en el aspecto deseado.
En este caso: sacudirlo.
Cada
persona necesita un tiempo distinto para lograrlo y la tarea recién
culmina cuando la vivencia de la relación interior entre el asistente y
el asistido se ha alcanzado.
Este proceso es sencillo de describir
en palabras y parece que por tan obvio es irrelevante pero se requiere
una cuidadosa y delicada artesanía técnica para facilitarle al
consultante el ingresar y vivir cada uno de estos roles. Sólo cuando se
encarna a cada uno de estos personajes y se vive en plenitud cada
momento: ser el que siente el miedo, luego ser quien quiere sacudir, y
así con el resto de los personajes, es que se puede acceder a la
potencia plena de esta experiencia y su aprendizaje.
Las vicisitudes
de este proceso las describo en detalle en El Asistente Interior. Aquí
presento una versión muy resumida de su esquema básico para hacer
inteligible la secuencia.
Otro componente significativo de esta
tarea es que el aprendizaje que el rechazador realiza en su diálogo con
lo rechazado (en este ejemplo una parte miedosa) trasciende a ese
aspecto particular y se va extendiendo a otros aspectos propios que
también pueda rechazar. Es decir, el rechazo asistencial se va
convirtiendo en una matriz básica que impregna al resto de las
relaciones interiores. En la medida que esa calidad de rechazo se
consolida, se extiende también a las personas del mundo externo. De
modo que si tengo conflictos con mis padres o mi pareja o mis hermanos,
etc. no es imprescindible que entre en los detalles particulares de
cada vínculo para resolver los conflictos que allí experimento. Los
conflictos en esas relaciones se van resolviendo también en la medida
en que la matriz básica rechazador-rechazado deja de ser destructiva y
se convierte en asistencial.
Cuando esto ocurre, el sufrimiento auto
creado disminuye hasta su cesación, tanto en la relación consigo mismo
como con los demás.
Esta tarea puede realizarse sin conocer los
datos históricos detallados del consultante: Cómo fue su relación con
sus padres, cómo fue su infancia, la relación con sus hermanos, etc.
Todo
el pasado está presente en la relación rechazador-rechazado interior
tal como se presenta en el ahora y los componentes conflictivos del
pasado se resuelven en el presente de esa relación.
Fritz
Perls, creador de la Psicoterapia Gestáltica , ya había llamado la
atención sobre la importancia de la autorregulación organísmica como
factor substancial en la recuperación de la salud, concepto que fue
compartido por todas las psicologías humanistas, al punto tal que esta
noción se convirtió en uno de sus rasgos distintivos.
Lo que hace la
Autoasistencia Psicológica es profundizar en este concepto, es decir,
penetrar en la trama íntima de las relaciones entre los protagonistas
de la autorregulación, identificar al autorrechazo como una fuerza
fundamental de la misma y centrar su investigación en él, con todo el
universo nuevo que se abre al ingresar en ese espacio.
Por todo lo
expuesto queda claro que la Autoasistencia se inscribe dentro de las
psicologías humanistas, y en la medida en que explora también la
dimensión trascendente de la experiencia humana comparte las
inquietudes específicas de la Psicología Transpersonal.
Es
evidente que hay un claro avance hacia lo más pequeño y su presencia es
cada vez mayor en la industria y en cibernética. La manifestación más
conspicua de este movimiento en medicina es la exploración génica. ¿Y
qué es un gen? El programa de instrucciones que regula el
funcionamiento de cada órgano.
Es interesante observar que en un
espacio muy pequeño se encuentra el conjunto de instrucciones que
posibilita el funcionamiento de vastos sistemas.
Su valor clínico es
enorme pues en una enfermedad podemos ingresar en el gen y,
corrigiéndolo, lograremos reparar desde su raíz misma a la enfermedad
en cuestión. Este es un salto formidable en el modo de actuar sobre
aquello que se desea conocer y transformar.
En ese sentido la
Autoasistencia Psicológica , que propone la exploración y resolución
sistemática de la relación rechazador-rechazado interior, es también
una Nanopsicología.
Este término aún no existe y lo estoy acuñando
como una metáfora dado que, como todos sabemos, en psicología no son
relevantes las variables de longitud como el micrón o el nanómetro.
Lo
que procuro destacar con este término son las enormes posibilidades que
se abren en el trabajo psicológico explorando las matrices que se
hallan en el universo de lo muy pequeño.
En la relación
rechazador-rechazado interior están, efectivamente, las matrices
básicas, “los genes”, tanto de la producción como de la resolución de
los conflictos en cada uno de nosotros.
Considero que es muy
auspicioso para el campo psicológico comprobar que es posible, a partir
de la transformación de ese foco “nanométrico” del conflicto, reparar
el universo “macro” de las relaciones personales.
La Exigencia -Autoasistencia - Dr. Norberto Levy
El Enojo - Autoasistencia - Dr. Norberto Levy
La Culpa - Autoasistencia - Dr. Norberto Levy
http://www.autoasistencia.com.ar